Aventuras y desventuras de un precario en el fin del mundo

Resumen:

Una desenfadada novela por entregas de Enrique Joven

Me veo obligado a hablar porque los hombres de ciencia se han negado a seguir mi consejo sin saber por qué

'En las montañas de la locura'

H. P. Lovecraft





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<Diciembre 2017
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Capítulo X

Descansamos unas horas antes de proseguir camino. Decidimos hacer caso a Juanillo y aceptar la invitación de los cabezones para conocer dónde viven. Estamos realmente intrigados, y ellos parecen encantados de poder darnos alojamiento y ser nuestros anfitriones. Además el Míster les ha concedido la tarde libre y les permite usar por fin los móviles. Según nuestro reencontrado amigo, la entrada al recinto de Valdebebas –ellos llaman así a su ciudad subterránea– está muy cerca, así que podemos dejar el coche aparcado en doble fila e ir caminando. Todos en fila, cual pingüinos de por aquí.

Como Dakota no es muy ligera de pies, y tampoco para de hablar –y, por ende, de resollar–, nos lleva más tiempo del esperado el paseíto. Pero ahora está eufórica con el singular encuentro.
– Son rigelianos, estoy segura –empieza a contarnos–. No hay duda de que naves tripuladas por seres de otro mundo se han estrellado en la Tierra. Estas naves proceden no sólo de nuestra propia dimensión sino también de espacios multidimensionales. Nuestra civilización es una de las muchas que han existido en los últimos dos millones de años. Los esfuerzos del gobierno de Estados Unidos para obtener tecnología alienígena han resultado satisfactorios en algunas ocasiones, habiéndose practicado autopsias de estos seres y mantenido rehenes alienígenas durante algún tiempo con fines científicos y militares. Las principales agencias de seguridad norteamericanas están involucradas en el encubrimiento de estos hechos...
El Cholo y yo nos miramos, pero dejamos que siga con su entretenida cháchara. Además, como la tía no ha hecho acopio de muchas provisiones previendo una excusión breve, habla sin lanzar perdigones, lo que es muy de agradecer.
– Como resultado de las actividades de ciertos alienígenas, muchas personas han sido y están siendo abducidas, secuestradas, mutiladas y muertas. En la actualidad existe una presencia activa alienígena en el planeta, que controla elementos diferentes de nuestra sociedad. Algunas de estas entidades son hostiles y otras no. Mi gobierno ha tenido por algún tiempo compromisos oficiales de trabajo con estos seres con el propósito de obtener información acerca de la propulsión gravitacional, los motores iónicos y el control mental, principalmente. La tecnología actual en poder de algunos gobiernos como el norteamericano excede con mucho aquello que es conocido por la opinión pública y así, por ejemplo, el programa espacial de la NASA encubre otros propósitos. Algunas personas que han llegado a saber lo que está sucediendo han sido necesariamente asesinadas...
– ¿La NASA? –le interrumpe extrañado el Cholo–. Interesante reflexión, Dakota. ¿Y a quién han asesinado, si puede saberse?
– No puede saberse, por supuesto –contesta indignada Dakota–. Si te revelara los nombres que conozco mi vida valdría menos que un centavo. Y luego está ese libro…
– ¿Qué tiene que ver ese Necronomicón tuyo? –intervengo yo.
– Precisamente es el libro de los nombres. O de los muertos. O de los nombres muertos –y se detiene a reflexionar sobre ello, sin dar con la traducción adecuada–. O algo así. Y nadie ha conseguido desentrañarlo todavía.
Pausa para respirar.
– Pero hablemos de los extraterrestres –se pide a sí misma. Dakota vuelve sobre el asunto sin que ninguno de nosotros pueda impedírselo.
– Como os decía, hay un acuerdo secreto de mi gobierno con las vulgarmente denominadas Entidades Biológicas Extraterrestres. Su nombre en clave es EBE. A cambio de su tecnología, Estados Unidos les proporciona lugares seguros donde ellos pueden esconderse y desarrollar sus actividades, algunas inconfesables.
– ¿Leer? –bromea el Cholo mirando el rondo que practican unos cuantos rigelianos.
– No es para tomárselo a broma, amigo mío –se indigna Dakota–. El primer lugar donde se escondieron fue Groom Lake, una base militar ampliada en los años setenta y ochenta del siglo pasado bajo la supervisión de uno de ellos, al que llamaban Lionel. Allí se construyó una enorme instalación subterránea en la que se colocó el instrumental militar pactado por ambas partes, pero que era manejado exclusivamente por los alienígenas…
– ¿No es la famosa Área 51 en Nevada? –le pregunto. Me ordena guardar silencio con gestos. Continúa hablando, pero en voz más baja.
– Hubo que cerrar Groom Lake porque los periodistas se echaron encima y amenazaban con descubrirlo todo, especialmente vuestro sabueso Iker.
– ¿Iker Casillas? –grita un cabezón que estaba poniendo la oreja. O, hablando con propiedad, el agujero donde tendría que ubicarse algo similar a un pabellón auditivo en el género humano.
– He dicho sabueso, no cancerbero, aprendiz de neumático –le contesta con una patada entre ceja y ceja Dakota–. El rigeliano frunce el ceño producto más del impacto del borceguí que del enfado y vuelve al campo. Por supuesto, espera la autorización del referee para hacerlo.
– El gran Iker Jiménez –susurra–. Estos son los hechos. Sacad vuestras propias conclusiones. Hablamos de algo más serio que de ciencia oficial.
El Cholo me clava la mirada y me indica con gestos que salgamos a la carrera, le robemos el vehículo a la gorda y regresemos a la concentración. Tenemos a Juanillo y tenemos provisiones. No es mala idea visto el panorama. Y yo que pensaba que había surgido el flechazo entre ellos…

Pero no le hago caso. Me estoy divirtiendo con toda esta novedad, y ya casi no me acuerdo de los estudios de los nematodos que me trajeron hasta aquí. Sigo escuchando a Dakota con embeleso.
– Podemos hablar de entre sesenta o setenta clases de EBEs que nos visitan hoy en día de forma habitual. Entre ellas, hay cinco o seis que son las que están más relacionadas con nosotros. Los primeros de estas entidades –comienza a enumerar y describir– son llamados ‘cognitivos’, invisibles, y muy difíciles de ser comprendidos por nosotros porque son prácticamente energía mental. Su actividad principal es influir en el cerebro humano, teniendo mucho que ver con las religiones y todas las grandes corrientes filosóficas y sociológicas. Parece que están en la Tierra desde antes que nosotros...
– Continúa –le ruego.
– Los llamados ‘grises’, por el color de la piel. También se les conoce como ‘reticulianos’. Son bajitos, de 1,20 a 1,40 metros, con una gran cabeza pelada y ojos muy rasgados. Muy psíquicos, con un gran dominio de la comunicación mental. Tienen una conducta grupal con una conciencia individual poco desarrollada, lo que constituye uno de sus puntos más débiles. Presentan también un gran dominio sobre la materia, pudiendo cambiar su apariencia física y crear robots biológicos. Están interesados en los experimentos genéticos debido a que quieren mezclarse con nosotros para conseguir una raza híbrida superior a ambas. Pero rechazaron el trato propuesto por nuestro gobierno de Estados Unidos y ahora son una amenaza latente...
– ¿Son éstos? –le pregunto señalando a un grupo de cabezones que están formando la preceptiva barrera frente a un tirador de falta, claramente sin respetar distancias. Otros más allá no hacen sino especular con el cuero.
– No, Zine. Estos también son grises y cabezones, pero ya te he dicho que son del tipo ‘rigeliano’ –me explica–. Están aliados en cierta manera con los reticulianos y físicamente son muy parecidos, aunque con los ojos menos rasgados y más profundos. Estos son los que están ahora en relación con mi gobierno, aunque parece que el presidente ya se ha arrepentido del trato pactado. De hecho, se dice que también estamos intentando librarnos de ellos. Son una raza genéticamente dañada, parece que por una guerra atómica de hace miles de años en su mundo de origen, y es posible que esta sea la causa de sus desórdenes mentales. Una característica muy importante de estos rigelianos es que son capaces de salir de nuestro tiempo. Su sistema digestivo y generativo está afectado y por eso tienen que nutrirse a través de la piel. Su alimento consiste en una especie de sopa celular procedente de tejido animal que untan en la misma, pero no tienen inconveniente en caso de necesidad extrema en hacer lo mismo con seres humanos. Además, están realizando desesperadamente experiencias genéticas también con individuos de nuestra especie, y no para conseguir un cruce perfecto como los reticulianos, sino para lograr volver a reproducirse de forma natural. El defecto que padecen en sus gónadas hace que todos sean clones, razón ésta por la que parecen todos iguales. –Y acto seguido añade: – No debemos fiarnos, por muy imbéciles que nos parezcan.

En efecto, y como queriendo corroborar la afirmación de Dakota, un par de ellos se han quedado inmóviles frente al pico del área y, tras arduas reflexiones, parecen concluir que son once contra once y que, por lo tanto, hay que quemar todas las naves antes de poner la carne en el asador.
– Supongo que ahora nos llevan a una de las bases ocultas que les ha proporcionado nuestro gobierno –especula Dakota–. Espero que no estén tramando nada peligroso. Ojalá fueran ‘procionanos’ –añade–. Estos son rubios, altos y de ojos azules.
– No te jode, la muy foca –murmura por lo bajini el Cholo, definitivamente desenamorado. Dakota no ha escuchado el comentario, porque de haberlo hecho mi amigo estaría a buen seguro desmembrado.
– Los procionanos no están de acuerdo con lo que los rigelianos están haciendo. Parece que tratan de disuadirlos, pero no se atreven a intervenir porque son inferiores en número e inteligencia.
– Ya te digo –continúa con sus murmuraciones el Cholo–. Y se despeinarían.
Igual confundo desamor con celos, no lo sé. Dakota parece terminar con su larga disertación acerca de los extraterrestres:
– Finalmente los hay morenos, bajos y de ojos castaños. Son más discretos en la intervención en nuestro mundo. Según un informe filtrado en internet, estarían dispuestos a expulsar de la Tierra a los rigelianos si las autoridades mundiales se lo pidiesen oficialmente, pero no pueden actuar por sí solos porque ello conllevaría una guerra en la que perecerían muchos humanos...
Dakota se queda callada de repente. Ante nosotros se alza una inmensa cúpula de hielo cuya mayor parte permanece oculta bajo la nieve.
– Hemos llegado a Valdebebas –sonríe Juanillo.

2016-01-07 21:30 | Categoría: | 0 Comentarios | Enlace

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